Leyendas rusas


Las primeras leyendas rusas debieron surgir mucho antes de que las tribus eslavas, dispersas entre bosques y estepas al norte de los Cárpatos, se consolidaran creando en Kiev – hoy Ucrania – el núcleo de la inmensa nación de los zares.

A diferencia de los relatos de la mitología griega o escandinava, traducidos a la mayoría de lenguas modernas, la narrativa épica de la antigua Rusia no goza de la misma popularidad. Sin embargo, las leyendas rusas poseen una gran riqueza imaginativa, sorprenden por su expresividad y desenlaces inesperados, describen muy bien el mundo interno de los personajes y aportan datos sumamente valiosos sobre la vida y costumbres de los primeros ancestros del pueblo ruso.

Las noches del invierno son largas en la gleba y el frío no concede respiro en los pueblos de la cuenca del Dniéper. Ni rusos ni ucranianos es gente de muchas palabras, pero las lenguas se desatan con el vodka omnipresente en el último claror del día, dispuestos a combatir las horas gélidas de la dilatada oscuridad.

Hay tres leyendas que gustan especialmente. Los gigantes de los Urales trata del amor profesado a una campesina por uno de aquellos corpulentos personajes. Matrioska, la muñeca del carpintero Serguei, hueca por dentro, con la particularidad de albergar sucesivamente, en su interior, una nueva muñeca de menor tamaño. La tercera es La dama de las nieves, una leyenda primaria, sencilla y popular, que a continuación puedan leer las tres, con la esperanza de que las disfruten.

 

  Leyendas rusas  

Las tres leyendas rusas:

1. Los gigantes de los Urales 

2. La muñeca Matrioska

3. La dama de las nieves

Los siete gigantes de los Urales

En la República de Komi, situada en la frontera entre Europa y Asia, hay unas impresionantes formaciones rocosas de 200 millones de años de antigüedad y más de 40 metros de altura, conocidas como Man-Pupu-Nyor (cuya traducción es “La pequeña montaña de los Dioses”), a unos 220 km del poblado habitado más cercano.

Estas maravillas naturales tienen su propia leyenda, la de la tribu de los Mansi, que habitaron estas tierras desde tiempos remotos. Se dice de los Mansi que sus miembros poseían la fuerza de un oso y la velocidad y agilidad de un ciervo, y eran tan expertos en la cacería como hábiles en la elaboración de prendas con pieles.

Según cuenta la la leyenda, en la montaña de Yalping residían los espíritus ancestrales, que prestaban ayuda a los Mansi debido a la sabiduría de su líder (Kuuschay) y su respeto por el mundo espiritual. Kuuschay tenía esposa, dos hijas y un hijo, pero sobresalía una de sus hijas por su hermosura y esbelta figura.

Un buen día se encontraba Torey, uno de los gigantes que habitaban las montañas, oyó hablar de la extrema belleza de la hija de Kuuschay, fue a ver a éste para exigirle la mano de la muchacha, petición que su padre rechazó de inmediato. Sintiéndose ofendido, el gigante marchó en busca de sus hermanos con la intención de volver y asediar el pueblo hasta que la joven le fuera entregada.

Cuando el gigante retornó todos los miembros de la tribu se encontraban en el poblado, excepto Pygruchum, el hijo de Kuuschay, y un grupo de cazadores. Durante un día entero los Mansi resistieron el furioso ataque de los gigantes, pero viendo que pronto serían superados, el líder invocó a los espíritus de los ancestros para que les ayudasen, rogándoles además la vuelta a casa de su hijo.

Súbitamente, una espesa y negra niebla envolvió el poblado de los Mansi, a la par que los rayos comenzaban a iluminar el cielo, pero esto no frenó a Torey, que se abalanzó con su enorme maza contra Kuuschay, quien logró escapar del golpe en el último momento. Ante la confusión y el hecho de no ver nada con claridad, los gigantes decidieron esperar a que se disipase la tormenta para poder terminar su trabajo, pero los Mansi aprovecharon este tiempo para escapar del lugar dirigiéndose a unas montañas cercanas.

Cuando al día siguiente la niebla comenzó a difuminarse, Torey y sus compañeros contemplaron con sorpresa que, no sólo se habían escapado los Mansi, sino que Pygrychum, el hijo del líder, se dirigía hacia ellos comandando un ejército de guerreros. En su mano, portaba dos armas bendecidas y entregadas por los dioses, un escudo y una espada. Aquellos gigantes que contemplaban el brillo de la espada fueron notando como sus miembros parecían no responder, y sus movimiento se hacían cada vez más lentos. Mientras tanto, una intensa luz fue envolviéndolos a todos, gigantes y humanos, hasta que de pronto y en medio de un estruendoso trueno todo terminó.

 Ante la sorpresa de los guerreros Mansi, los gigantes se habían transformado en piedra y con ellos también el valiente Pygruchum quedó petrificado. Desde aquel día sus figuras permanecen inamovibles y solitarias entre montañas, y dice la leyenda que aun se pueden encontrar por los alrededores los trozos de roca pertenecientes a la fortaleza destruida por Torey.

           Los siete gigantes de los Urales
 

Una Leyenda de la muñeca rusa  MATRIOSKA

Érase una vez , un viejo carpintero ruso llamado Serguei.

El viejo Serguei, fabricaba preciosos objetos de madera: silbatos, juguetes, instrumentos musicales... Para ello, todas las semanas, salía a buscar buena madera al bosque para su trabajo.

Aquella noche había nevado mucho, pero con los primeros rayos de sol de la mañana, nuestro amigo salió esperando tener fortuna y encontrar un buen tronco con el que poder trabajar la madera. Pero sólo encontró viejos trozos de madera húmedos y pequeños, que con suerte solo podían servirle para calentarse al fuego.

Cuando iba a retirarse rendido por el cansancio, algo llamó su atención: un bulto grande sobresalía sobre la nieve. Al agacharse, vio el más hermoso de los troncos que nunca había recogido, de una maravillosa madera blanquecina. Serguei tomó fuerzas y recogió el tronco, que transportó hasta su casa. Tomó aquel tronco como el mayor de los tesoros y pensó que debía valer para hacer algo muy especial.

Pasó días y noches sin dormir, hasta que por fin se le ocurrió hacer una muñeca con la madera y así lo hizo. Cuando terminó, estaba tan orgulloso de su trabajo, que decidió no ponerla en venta. Se sentía muy solo y aquel pequeño objeto lo acompañaba en su soledad.

-Te llamaré "Matrioska"- dijo a la pequeña muñeca.

Cada mañana, Serguei se levantaba y saludaba a su amiga:

-Buenos días, Matrioska. Hasta que un día, la Matrioska contestó:

-Buenos días, Serguei. -Serguei se quedó muy impresionado y volvió a responder:

-Buenos días, Matrioska.

El viejo carpintero se sentía muy afortunado de tener alguien con quien conversar en su soledad. Pero Matrioska solo hablaba cuando los dos estaban solos.

Un día, Matrioska se levantó muy triste. Serguei, que lo había notado, preguntó:

- ¿Qué te pasa, mi querida Matrioska?

- ¡Que no es justo!

- ¿El qué?- contestó el carpintero.

- Cada mañana me levanto y veo a la osa con sus oseznos, a la perra con sus perritos... incluso tú me tienes a mí. Yo querría tener una hijita- contestó la Matrioska.

- Pero entonces -le dijo Serguei- tendría que abrirte y sacar madera de ti, y eso sería doloroso.

-Ya sabes que en la vida las cosas importantes siempre suponen pequeños sacrificios- contestó la bella Matrioska.

Y así fue como el carpintero abrió a su pequeña muñeca y de ella extrajo madera de su interior, para crear una muñequita más pequeña pero exactamente igual a ella, a la que llamó Trioska.

Desde aquel día, todas las mañanas saludaba:

- Buenos días Matrioska, buenos días "Trioska".

- Buenos días, Serguei- respondían al unísono.

Muy pronto ocurrió que Trioska también sintió la necesidad de ser madre. Así, el viejo Serguei volvió a repetir el proceso y de ella sacó otra muñeca exacta a ella pero más pequeña a la que llamó "Oska".

Al cabo de un tiempo, también el instinto maternal se despertó en Oska, que rogó a Serguei que la hiciera madre. Al abrir a Oska, se dio cuenta de que sólo quedaba un mínimo trozo de madera. Sólo una muñeca más podría realizarse.

Entonces, el viejo carpintero tuvo una gran idea. Fabricó un diminuto muñeco y antes de terminarlo, le pintó unos grandes bigotes. Cuando lo hubo terminado, lo puso delante del espejo y le dijo:

- Mira , "Ka",... Tú tienes bigotes. Eres un hombre. Por tanto, no puedes tener un hijo o una hija dentro de ti.

Después abrió a Oska. Puso a Ka dentro de Oska. Cerró a Oska, abrió a Trioska. Puso a Oska dentro de Trioska. Cerró a Trioska, abrió a Matrioska. Puso a Trioska dentro de Matrioska y cerró a Matrioska. Un día, Matrioska desapareció misteriosamente de la casa de Serguei.

Si alguna vez encontráis a Mastrioska, Trioska y Oska y en su interior, al pequeño Ka, no dudéis en darles cariño. 

     Marioshka rusa. www.svetlanamallorca.com         Muñeca Matrioshka

La dama de las nieves

En cualquier lugar perdido a la orilla del río más helado de Europa, donde el frío muerde como un perro rabioso, no resulta extraño que alguien nos relate, al amor de la lumbre, al crujir del fuego, las andanzas de Sgroya, la dama de la nieve, poseedora de poderes venidos de otros mundos y otros tiempos.

La leyenda la describe como una mujer joven y bella. Una hermosa devochka bien formada, alta y atractiva, con algunos rasgos poco comunes entre los eslavos: cabello azabache, piel morena y el contraste de unos ojos de increíble verde esmeralda. Se aparece a la vera de los caminos nevados, en las frías rutas de jinetes y caminantes, ofreciéndoles su amor. Una invitación irresistible por la que, de ser aceptada, habrán de pagar un precio muy alto.

Dicen que se vale de todos los recursos de seducción de una fémina para atraer a los hombres: sensual y dulce, atrevida y ardiente, capaz de insinuar placeres nunca imaginados por amante alguno.

Provocado el irreprimible deseo de sus víctimas, despojadas de su voluntad, Sgroya se convierte en hielo arrebatándoles la vida, paralizándoles el corazón con el abrazo letal de su cuerpo congelado. En ocasiones, la dama de la nieve los enamora perdidamente hasta hacerlos enloquecer, abandonándolos luego en la gleba donde acabarán devorados por las manadas de lobos.

Algunos la suponen el espíritu vengador de una mujer ofendida. Otros ven en ella una deidad femenina empleándose a fondo para castigar la conducta de los hombres infieles.

              La dama de las nieves, leyenda rusa                               Leyendas rusas